
No sé qué fuerza extraña lo permite pero me alcanza. Posarme a la orilla de la cerca y ver el potrero inundado de niebla fresca. De una nube se desprende una gota y en su caída libre colisiona con otra, haciéndose más gota. A veces me provoca frío, pero el frío verdadero lo llevo en el alma.
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